Saluden, que saludar es
bonito, sobre todo en la calle, así como en las carreteras que quedan
escondidas entre los campos de los pueblos, ningún señor o señora que pase en
su bicicleta panadera de hace mil años les dejará sin saludar, incluso si va caminando
con bultos al hombro. El aire del campo nos devuelve o no nos quita la hermosés
del saludo. ¡Ay, si la ciudad fuera campo! Más de uno se iría a la cama o a
dormir con la dulzura de aunque sea una vez de haber sido saludado.